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Una investigación internacional del CSIC ha mostrado el crecimiento y la evolución de la falla de Al-Idrissi (AIFS), un sistema de fallas activo del mar de Alborán y que fue el origen del terremoto que sacudió el sur de la península ibérica y el norte de África en 2016. El estudio, en el que ha participado el el investigador del ICTJA-CSIC Antonio Villaseñor, ha sido publicado en la revista Nature Communications.

El mar de Alborán es una cuenca joven situada entre las placas tectónicas de Eurasia y de África. En el límite entre estas dos placas se encuentra el sistema de fallas de Al-Idrissi, que cruza la parte central de este mar. Esta sistema de fallas es la estructura tectónica activa más larga de la región, con unos 100 kilómetros de longitud, y se desliza casi 4 milímetros al año.

"Nuestro trabajo muestra, por primera vez, la estructura detallada de un sistema de fallas en su etapa inicial. Se trata de una oportunidad única para estudiar el crecimiento y la evolución de una joven falla de movimiento lateral”, explica Eulàlia Gràcia Mont, nvestigadora del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y primera autora del artículo.

El sistema de fallas de Al-Idrissi enlaza hacia el norte con las fallas del margen de Almería y hacia el sur con las fallas del margen Norte-africano. Fue en la zona central de este sistema donde se localizó el epicentro del terremoto ocurrido el 25 de enero de 2016. El sismo, con una magnitud (Mw) de 6.4, fue el más grande registrado en el mar de Alborán desde que se instalaron los primeros sismómetros hace más de cien años. El terremoto sacudió el norte de la costa marroquí, afectando gravemente la ciudad de Melilla y numerosas localidades del sur de la península ibérica y del norte de África. Este evento, conocido como el "terremoto de Al-Idrissi", prueba que la falla continúa creciendo.

Este terremoto estuvo precedido por un sismo de magnitud (Mw) de 5,1 y con un epicentro ubicado en la misma zona que el evento principal. Al sismo del 25 de enero, le siguieron una serie de réplicas cuyas localizaciones fueron migrando hacia el sur y el norte repectivamente. Estas observaciones indican que el terremoto fue capaz de provocar rupturas en los segmentos de fallas adyacentes.

Los autores del estudio utilizaron datos de alta resolución batimétrica para obtener el relieve tridimensional de la falla Al-Idrissi con una alto nivel de detalle, lo que ha permitido a los investigadores identificar diferentes elementos geomorfológicos derivados de la existencia de fallas activas, como rupturas en el fondo marino o escarpes de falla. Gracias a los perfiles sísmicos obtenidos en 2011 durante la campaña de adquisición TOPOMED-GASSIS y de los datos registrados durante la ocurrencia de los terromotos generadops en la zona los científicos pudieron entender la geometria y la arquitectura tectónica del AIFS.

En los últimos treinta años, se han registrado en la región tres eventos sísmicos: en 1994, en 2004 y en 2016. Una acumulación de sismos puede conducir a la generación de fallas más largas con el potencial para generar terremotos de mayor magnitud con el paso del tiempo.

“Ahora que conocemos con detalle la estructura de la falla que está creciendo, podemos establecer con más precisión la posible evolución sísmica de este sistema”, explica la Eulàlia Gràcia.

Esta investigación ha sido coordinada por el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, y ha contado con la colaboración del Instituto Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA-CSIC), la Unidad de Tecnología Marina, el centro IFM-GEOMAR, la división de geociencias del Scripps Institution of Oceanography (EEUU), el Irish Centre for Research in Applied Geosciences (ICRAG), la Sorbonne UniversitéUniversité, National Oceanography Centre  de Southampton (UK) y la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (ICREA).

Artículo de referencia

Gràcia, E., Grevemeyer, I., Bartolomé, R., Perea, H., Martínez-Loriente, S., Gómez de la Peña, L., Villaseñor, A., … Ranero, C. R. (2019). Earthquake crisis unveils the growth of an incipient continental fault system. Nature Communications, 10(1), 3482. https://doi.org/10.1038/s41467-019-11064-5

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