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Mª Carmen Trapote defendió el pasado 16 de septiembre su trabajo de tesis para obtener el título de doctora en el marco del programa de los estudios de doctorado de Ecología, Ciencias Ambientales y Fisiología Vegetal de la Universidad de Barcelona (UB).

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El trabajo de Trapote, que lleva por título "Modern-analog studies and high resolution paleoenvironmental reconstruction of the last 500 years using the varved sediments of the Mediterranean Lake Montcortès (Central Pyrenees)" ha sido codirigido por Teresa Vegas Vilarrúbia, profesora agregada de la Universitat de Barcelona, y Valentí Rull, investigador del ICTJA-CSIC.

La investigación, que ha tenido como objeto principal de estudio el lago de Montcortès, se ha centrado en la obtención de análogos sedimentarios modernos y en realizar reconstrucciones paleoecológicas multiproxy de alta resolución utilizando proxies biológicos principalmente pollen y pigmentos fotosintéticos.

El objetivo último de la tesis ha sido, según explica Trapote, el de "proporcionar una herramienta para mejorar las reconstrucciones paleoecológicas y contribuir a superar la brecha temporal existente entre la ecología y la paleoecología proporcionando datos paleoambientales continuos y de alta resolución necesarias para entender de qué manera las comunidades ecológicas responden a las perturbaciones".

Trapote centró su trabajo en el lago de Montcortès, uno de los 5 únicos lagos de la Península Ibérica en el cual se pueden encontrar sedimentos varvados (con laminaciones anuales). Dicha característica "permite la obtención de cronologías muy detalladas”. Otra característica del lago que lo hacía interesante como objeto de estudio es que "se encuentra en una zona de transición climática y tiene una larga historia de presencia humana en sus alrededores".

Trapote realizó una monitorización mensual de dos años del lago para obtener información sobre el ciclo limnológico y su relación con el material sedimentado. Para ello se llevaron a cabo análisis físicos, químicos y biológicos de la columna de agua, se caracterizó el material sedimentado durante el mismo periodo y se analizó su contenido para diferentes indicadores ambientales como el polen, las diatomeas y los cristales de calcita así como de sus variaciones en relación a diferentes variables ambientales, lo que permitió la obtención de análogos modernos sedimentarios.

Los efectos de las actividades humanas en la cuenca del lago han sido la principal señal detectada a lo largo de los últimos 500 años incluso durante la Pequeña Edad del Hielo, un periodo durante el cual las condiciones climáticas habrían sido más duras. A partir de los indicadores estudiados, también se pudo detectar ciertos episodios climáticos como fuertes lluvias ocurridas durante la segunda mitad del siglo XIX en la zona.

El lago de Montcortès es único porque presenta una secuencia continua de varvas de los últimos 3000 años. "Esto nos permite estudiar los cambios ocurridos a largo plazo con una resolución muy alta, y más en una zona en la que sabemos que la presencia humana ha sido importante, sobre todo durante el último milenio. Esto lo hace ideal para poder estudiar las relaciones entre los humanos, el clima y el medio ambiente", explica Trapote.

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