El confinamiento de la población decretado por las autoridades para evitar la expansión del coronavirus, se ha visto reflejado también en los registros de los sismómetros. El investigador del ICTJA-CSIC, Jordi Díaz, ha estado siguiendo, desde el pasado 13 de marzo, las variaciones en el nivel de vibraciones detectado por las estaciones sísmicas instaladas en la ciudad de Barcelona, tanto por las 15 temporales desplegadas en el marco del proyecto SANIMS en diferentes escuelas de secundaria de la ciudad como por las permanentes que forman la red del Institut Cartográfic i Geològic de Catalunya (ICGC).

A tenor de lo visto en las gráficas, no hay duda: el parón de la actividad humana en la ciudad, y de modo particular la reducción en el volumen del tráfico, ha hecho descender de forma significativa los niveles de ruido sísmico ambiental registrados por los diferentes aparatos a lo largo del último mes y medio. Según Jordi Díaz, la principal variación en el nivel de vibración del suelo se ha detectado en "la banda de frecuencias comprendida entre los 5 y los 15 Hz. La reducción depende de la localización precisa de cada estación, pero se sitúa en general entre el 50 y el 75%".

Díaz ha comparado también los datos registrados por los sismómetros durante la cuarentena con los datos de movilidad de Google y ha observado que existe una correlación entre ellos.

En el caso de la estación instalada en el edificio del ICTJA-CSIC (Gràfico1), situado en la Zona Universitaria de Barcelona, la reducción fue gradual durante la primera semana después de decretarse el primer estado de alarma (a partir del 16 de marzo), se estabilizó durante la segunda y aún experimentó un descenso durante los primeros días de abril (a partir del día 30 de marzo) durante los cuales el confinamiento de la población fue total.

A partir del 14 de abril, una vez levantadas las restricciones de forma parcial, se produjo un incremento en los niveles de vibración registrados por esta estación.

Díaz explica también que "los niveles de vibración durante el periodo de confinamiento son claramente inferiores a los registrados durante el pasado mes de Agosto, en la época donde suele registrarse un descenso notorio debido al periodo vacacional" (Gráfico 2).

En otras estaciones, como por ejemplo el sismómetro instalado en el Instituto de secundaria “Josep Pla” (Gráfico 3), ubicado en el barrio barcelonés de Horta, la reducción fue muy fuerte a partir del día 13 de marzo, el día en el que se ordenó el cierre de los centros educativos, manteniéndose “desde el día 15 a un nivel similar tanto en laborables como festivos". Un efecto también visible, aunque con unos niveles sensiblemente más elevados, en el registro de la estación instalada en el Instituto Jaume Balmes, instalado en el centro de la ciudad (Gráfico 4).

Esta reducción en el ruido de fondo supone para Díaz una ventana de oportunidad para que los aparatos instalados en las zonas urbanas puedan registrar señales que en una situación normal quedarían enmascaradas. Se trata también de una oportunidad excepcional y no prevista para evaluar la utilidad de los datos registrados por las estaciones desplegadas por el proyecto SANIMS. "En el caso de la red sísmica instalada en Barcelona, el confinamiento nos permite detectar ondas sísmicas débiles que antes quedarían ocultas por las vibraciones de origen humano. Uno de los objetivos del proyecto SANIMS es utilizar el ruido sísmico para estudiar las propiedades del subsuelo. Tenemos técnicas que permiten hacerlo en zonas no urbanas, pero no está claro que puedan utilizarse en ciudades. El “parón” nos permitirá comparar los resultados en tiempo normal con los de esta periodo tan anómalo", indica Díaz.

La reducción del ruido sísmico durante todos estos días de confinamiento ha sido un fenómeno de carácter global detectado en diferentes ciudades, como Bruselas, París, Los Ángeles o Roma. Díaz está ahora en contacto con un amplio grupo de sismólogos de todo el mundo para tratar de analizar los datos registrados durante estos días y ver si es posible plasmarlo en un artículo que, de momento, impulsa el sismólogo del Observatorio Real de Bélgica Thomas Lecocq.

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